Decía Tomás Eloy Martínez que en el periodismo narrativo lo que más importaba era el nombre, la firma. Y que la única manera de defender el buen nombre es con dos herramientas: La calidad de la investigación y la calidad
de la escritura.
El nombre, explicaba el maestro argentino, es lo único que tiene el periodista.
De manera que no debe permitir que se publique cualquier cosa con su nombre.
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