He ahí el dilema. No basta con lo segundo. Para algunos periodistas, y escritores, la tarea de mirarse el ombligo les lleva tanto tiempo que no les queda hueco para mirar, para preguntar, para completar, para cuestionarse.
El reto es descubrir una buena historia. Primero atreverse a buscarla, después indagar por todos los rincones hasta hacerse con ella, entenderla y explicarla. Por fin empeñarse en contarla de la más exquisita manera.
Una cosa y otra llevan su tiempo y su esfuerzo. Ambas exigen no conformarse.
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