Son
historias vividas, vistas de cerca, sentidas, verdaderas. El cuento real del
viajero que mira y curiosea y se extraña. Como está abierto se fija y le llaman
la atención lo que ocurre a su alrededor. Casi todo. Miradas, caras, palabras, conversaciones, paisajes, tropiezos, pequeños sucesos. Corre el peligro de creerse descubridor
del realismo mágico, de pensar que cada peripecia vivida es extraordinaria.
Pero intenta no olvidar que lo es solo para quien mira. La gracia está en ser
capaz de contarlo de manera que sorprenda a los demás, pero sobre todo que
interese. Ese es el reto.
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